La batalla de aprender un idioma

Cualquier persona con motivación suficiente puede aprender un idioma si utiliza la lengua con determinada frecuencia, para lo cual hay múltiples vías que comentaré en otro post. Es absurdo quedarse en la zona de confort y decir esas ya frases manidas como: ‘Yo no tengo facilidad para los idiomas’, ‘Para mí ya es tarde’ o ‘Me da vergüenza hablar idiomas’.

¿Se nos dan tan mal los idiomas?

Son muchos los alumnos que llevan estudiando lenguas desde que comenzaron la Educación Primaria a los que les cuesta horrores adquirir un nivel de conversación o negociación aceptable del idioma. ¿Por qué ocurre esto en España y cualquier universitario portugués – por ejemplo – tiene un nivel de inglés que muchos españoles tardarían en tener? Como apuntaba anteriormente, la motivación y la frecuencia de uso son claves, pero yo también apuntaría otra razón: En Portugal, como en otros países de Europa, se emiten las películas y series en versión original subtitulada – incluso en el cine –. Nuestro país cuenta con una gran tradición de doblaje y magníficos profesionales en el gremio, pero siendo objetivos, aunque ya la mayoría de películas y series se emite en DUAL,  la mayoría opta por verlas dobladas al español. Aunque sea de vez en cuando, hemos de buscar alguna serie o película que nos motive y verla en versión original subtitulada.

Aprender un idioma por obligación… y por gusto.

Puede que haya determinados grupos privilegiados de personas a los que por determinadas razones intrínsecas o dadas por el entorno se les da mejor aprender nuevas lenguas, pero como en todo en la vida, nada es gratis y todo depende de la actitud que uno tome ante el aprendizaje. He escuchado muchas veces: “Si estudiara inglés por gusto y sin presión, sería mucho más fácil”. Puede que estén en lo cierto. Hay algo que a cualquier estudiante aterra: la presión de un examen. Está claro que actualmente la competencia es aplastante y que quien se lleva el gato al agua es quien posee más certificaciones. Es un trance por el que hay que pasar, y pese a lo que escucho muchas veces sobre los certificados –’excusas que no sirven sino para que las escuelas ganen dinero y no necesariamente para aprender el idioma’ , –  sí que son útiles. Sólo hay que buscar el equilibrio entre lo que exigen y lo que se puede aprender con el examen.

Nunca es tarde para aprender.

Independientemente de la edad, todos podemos aprender un idioma. Es cierto que en los años de la infancia las personas están cognitivamente más predispuestas a aprender idiomas y por esta razón un aluvión de academias de idiomas nos bombardea día y noche con eslóganes como: ‘Inglés para niños. A partir de 3 años’. Sin embargo, ¿qué ocurre con esos nuevos emigrantes que van a Alemania a probar suerte, con veintitantos años de edad y que al final, con esfuerzo, tesón y mucho dinero invertido en academias, puede hacer su vida perfectamente en alemán? ¿Y aquellos emigrantes de los años sesenta que iban a trabajar a Alemania con una maleta y unos ahorros en el bolsillo? Nunca es tarde para aprender idiomas, pero es necesario tener una motivación que nos empuje a seguir adelante y no desistir. En el aprendizaje de idiomas, la constancia ha de ser nuestro mejor compañero de viaje.

Equivocarse está permitido.

Algo muy importante a tener en cuenta es la desinhibición. Las personas más tímidas tienen más dificultades para lanzarse a la piscina y hablar un idioma nuevo –algunos de ellos lo hacen por miedo al fracaso o por la búsqueda de un exceso de perfeccionismo, lo que les hace perder la oportunidad de soltarse. Aceptar que cometer errores está permitido es parte del proceso, aunque por el camino el diccionario se lleve alguna que otra patadita. Por mi experiencia como docente y discente de idiomas, ser consciente de los puntos flacos y de que se van a cometer errores es positivo. Este hecho contribuye a que uno se encuentre siempre alerta y a ir mejorando progresivamente su nivel tanto en el idioma como de autoconfianza.

Coordinadas adversativas vs. subordinadas concesivas

He creado un relato digital, que podéis ver más abajo, para la asignatura ‘Nuevas Iniciativas en Centros TIC’ del Máster de Profesorado (MAES) de la Universidad de Sevilla.

Dicho relato digital pretende ser una herramienta didáctica útil para los alumnos de Lengua Castellana y Literatura de los últimos cursos de la ESO, que se enfrentan a la ardua tarea, en muchos casos, de diferenciar las oraciones coordinadas adversativas de las subordinadas concesivas.

Espero que esta información les sea de utilidad.

¡Saludos!

El don de la oportunidad

Una vez más, y casi en contra de los pensamientos que me embargan, que a menudo me hacen llorar y lamentarme porque me he percatado de que las cosas no han salido como esperaba, me lanzo a llenar este espacio en blanco, pero, como siempre, sin ninguna expectativa. Hubo un tiempo en que lo hacía para el deleite del que quisiera leer, pero esta vez es para soltar lastre. No sé si ahora va a ser diferente, pues he intentado hacerlo en varias ocasiones, mas sin éxito. Dicen que el Hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra… Y tres… y cuatro… Así, hasta que nos cansemos de caminar.

PuenteTras un verano desconectada de la mayoría de los dispositivos tecnológicos de que dispongo, que no hacen sino atrofiarme la mente y crearme una dependencia absurda, vuelvo a encender el ordenador con la esperanza de que el retiro telemático al que me he sometido haga que fluyan las palabras. Error. Lo que fluye antes de que me dé cuenta son lágrimas. Acto seguido, comienzo a analizar el porqué de este torrente inesperado. Y es que echo la vista atrás y nada ha cambiado. Yo permanezco en el mismo lugar que siempre, con mis mismos anhelos, con mis mismos sueños, aunque ya casi no soy capaz de visualizarlos en el espejo roto en el que me miro y veo la vida pasar. En fin, sin cambios reseñables, como digo siempre. Quizás me he vuelto más esquiva, cínica, radical.

‘Quizás la solución la halle creando sueños nuevos. Pero, ¿cómo hacerlo?’- Pienso. Y nuevamente, me invade un pensamiento irrefrenable, basado en todo lo aprendido anteriormente: ‘¿De qué vale crear sueños nuevos si siempre habrá quien haga lo propio para hacerlo suyo?’ Sí, esto pasa. Eso es algo a lo que algunos debemos estar ya acostumbrados. Hace poco alguien me dijo que todos los tontos tienen suerte. ‘Yo debo ser muy lista, porque mí parece no sonreírme’.- Me digo a mí misma resignándome, no falta de un poquito de sentido del humor, pero con gesto grave.

Pero no quiero caer en dramatismos ni aseveraciones hechas con ligereza. La RAE define así el vocablo suerte’: 1. f. Encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito o casual. E. g.: Así lo ha querido la suerte. 2. f. Circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede. E. g.: Juan tiene mala suerte. Libro de buena suerte. 3. f. suerte favorable. E. g.: Dios te dé suerte. Juan es hombre de suerte.

No tiene desperdicio este vídeo de dos minutos, montado con escenas de la película ‘Match Point’, de Woody Allen, cuyo hilo argumental es la suerte y cómo ella, tan peregrina en algunas ocasiones, depende sólo del lugar y de las personas con las que te encuentres. Aunque en la película también se deja caer que uno mismo puede darle un empujoncito a su propia fortuna.

Foto: mimfsv en Flickr

También se dice que has de saber jugar las cartas que te han tocado en este juego que es la vida. Yo, mientras aprendo a jugármelas, espero paciente o impacientemente mi momento, que anhelo algún día llegue. Se dice que eso es el don de la oportunidad. Pero hay tanta gente esperando ese momento que quizás, como siempre ocurre, les toque a unos cuantos y al resto, aplastante mayoría, de seguro, nos toque volver a readaptarnos, para esperar, un poco más impacientes que antes, si cabe, y desprovistos también del ánimo y las esperanzas que depositamos la última vez que emprendimos de nuevo el camino hacia lo desconocido.

Llegados a este punto, nos vemos ante una encrucijada, una incógnita fácilmente despejable, o no tanto. Podemos lamentarnos por no tener aquello que otros tienen: suerte; o bien podemos seguir adelante con las armas que se nos han entregado para seguir batallando en el juego, muchas veces injusto, de la vida. De esta forma, nadie podrá decir que fuimos cobardes por no haberlo siquiera intentado.

Moraleja: El Hombre no se mide por las veces que cae, sino por las que se levanta. Debería aplicarme el cuento más a menudo.

Plantarle cara al ‘horror vacui’

Llevo unos meses intentando hacer de tripas corazón y entregarme nuevamente al placer que hasta hace poco tiempo era enfrentarme a la hoja en blanco y dejar fluir mis pensamientos, reflexiones, ideas o, simplemente, desideratas.

Y aquí me hallo, tras dos años de sequía creativa y no pocos quebrantos, frente a la pantalla del ordenador, escribiendo contra todo pronóstico, con o sin sentido. Por primera vez en mucho tiempo lo hago por gusto, por necesidad de crear o para decir tímidamente: ‘hola de nuevo’.

No sé hacia dónde me llevará este nuevo viaje que emprendo, no exento de miedo, pero siempre se dice que quien no arriesga, no gana. El juego de la vida es así, y aunque el presente cuaderno de bitácora en el que mis palabras fluyen muy atropelladamente no fue concebido para plasmar pensamientos profundos sobre mi persona, mis quehaceres y mi vida privada, por una vez, gustaría de permitirme el lujo de alimentar mi vanidad durante el tiempo que me lleve acabar este texto que escribo, pues me embarga una necesidad imperiosa de contar lo que me pasa por la sesera, que no es ni aflicción, ni felicidad; ni zozobra, ni calma; sino todo lo contrario.

La razón que me invita a compartir estos sentimientos no alcanzo a entenderla, ni a darle una explicación válida. De poco sirve y nada me importa. Quizás sea la incertidumbre que me produce el hecho de enfrentarme a la hoja en blanco y que mis pensamientos se agolpen uno sobre otro en un caos sin fin, sin encontrar la manera de unirlos con la elocuencia pertinente. Estoy oxidada, lo asumo. Tanto tiempo sin escribir algo substancioso pasa factura. O tal vez la razón sea mi deseo irrefrenable de acallar el avispero de mi mente, ése que lleva demasiado tiempo robándome el sueño, cerrando puertas e inhibiendo la capacidad de mis sentidos, atando en corto mi alma desbocada.

Desconozco la razón que me empuja a deshacerme de mi caparazón y a enfrentarme de nuevo -con reparo, dicho sea de paso- a la realidad que hasta ahora pasaba ante mi persona, para ser partícipe de ella, aunque me cueste un mundo, para ser sincera. Pero es que hay veces en las que hemos de armarnos de valor y despojarnos de los prejuicios y la desazón que nos invade. Me explico: hace no demasiado tiempo estuve a punto de perder un tren. Gracias a Dios, tuve arrojos suficientes para entregarme a la oportunidad que me brindaba la vida y subirme a él. Ahora viajo sorprendida por lo desconocido del paisaje, aunque tranquila, pese a no saber a dónde me llevará. Muchas veces no importa el destino, sino el camino y disfrutar del viaje mientras dure, ¿no es así?

Estoy aquí hoy, luchando contra el horror vacui, para dar un primer paso: hacer las paces conmigo misma, perdonarme por los errores cometidos y seguir adelante. Porque la vida es un periplo de largo recorrido sin ruta determinada, con altos y bajos; con compañeros de viaje que van y vienen; es una hoja en blanco que hemos de escribir, con más o menos borrones, mas despacito y con buena letra. Sólo así tendremos consciencia de que hemos vivido.

Good bye, Lenin

Una entrevista a Daniel Brühl que he visto esta mañana en laSexta 3, me ha recordado lo interesante que es una de las películas que protagoniza, ‘Good Bye, Lenin’, de 2003. Una de las razones por las que me encanta esta película y no me canso de verla, es porque nos da una visión sobre la antigua URSS como el mundo al revés. El sistema fracasó estrepitosamente. Sin embargo, en la película la casa de los protagonistas, Álex y su madre, una mujer orgullosa de sus ideas socialistas, se convierte en un pequeño paraíso comunista donde pese a los cambios de una sociedad sedienta de democracia e igualdad, nada ha cambiado. Además, las tornas se cambian de tal manera que es Alemania Oriental la que acoge a los ciudadanos de la Alemania Occidental. Éste es uno de los puntos fuertes de la película, a mi juicio: el mundo al revés desde una perspectiva tragicómica.

Os dejo dos vídeos de Youtube que a mí me hacen reflexionar: La verdad es un concepto cuestionable, todo depende del cristal con que se mire… Se me pone el vello de punta cuando escucho : “¿Coca-Cola, socialista?” o veo la ciudad de Berlín capitalista: anuncios de Ikea por las calles o lámparas con la pantalla de pelo artificial de color fucsia…

Otro de los atractivos del largometraje es la BSO, de Yann Tiersen, de la cual destaco la pieza inicial.

Los intérpretes mejor reconocidos de la Motown son inmortalizados por estatuas en las principales calles de Detroit

Martha Reeves, la cantante de soul, estrella en los años sesenta del pasado siglo, es concejal de aparcamientos y presupuestos de Detroit y una de sus primeras propuestas fue inmortalizar a algunas de sus colegas integradas en el sello discográfico Motown, donde ella grabó sus éxitos con The Vandellas para la celebración de su aniversario. Como ya señaló en su día, la mejor manera de homenajearlas es por medio de estatuas repartidas por la capital de Michigan.  En su día dijo:”quiero una estatua de The Supremes posando al modo de Stop in the name of love…” y hasta bromeó diciendo “y ¿por qué no una de Martha Reeves y The Vandellas?”

 

El famoso pintor y escultor Ronald McDowell ha sido el encargado de esculpir las obras, que tienen como idea inicial a un joven Stevie Wonder tocando la armónica en las escaleras de la Motown, a las Supremes moviendo las manos como lo hacían en sus actuaciones a los Four Tops en una frenética y rítmica coreografía. Todo ello se ha puesto en marcha como uno más de los numerosos actos en conmemoración del 50 aniversario de la Motown.

El legendario sello de Detroit, Motown, cumple hoy 50 años

Tal día como hoy en 1959, Berry Gordy Jr., entonces de 29 años, que había dejado la escuela y trabajado como obrero, pidió a su familia 800 dólares prestados. En una pequeña cabaña de Detroit creó la Motown y la convirtió en pocos años en una de las empresas del sector más exitosas de la historia del pop, estandarte inequívoco para la música popular afroamericana tal y como hoy la conocemos, con artistas legedarios como Stevie Wonder, Diana Ross, Marvin Gaye y Smokey Robinson.

Hito contra la segregación racial. Gordy, además, pasará a la historia porque fue el primer negro de Estados Unidos dueño de una discográfica. Con su olfato infalible para el gusto del público hizo entrar en los salones de los blancos a la música de artistas negros y revolucionó con ello para siempre la vida artística del país. El sonido pegadizo de Motown, mezcla de soul y pop, conquistó en los años las listas de éxitos, hasta entonces reservadas a los artistas blancos.

Gordy no estaba guiado sin embargo por una misión política, sino más bien por el frío cálculo económico. De hecho, la primera canción que editó bajo el nombre Motown fue “Money (That’s What I Want)”, “Dinero (eso es lo que quiero), de Barrett Strong: toda una declaración de intenciones.

La clave de su éxito: la empresa familiar. El sello arrancó con trabajo duro, y con las colaboraciones desinteresadas de músicos que con el tiempo se convertirían en leyendas: “En los inicios fichó a Smokey Robinson, que colaboró como cantante, compositor y productor, mientras que The Supremes y The Tempations daban palmas, Marvin Gaye tocaba la batería, Martha Reeves del grupo The Vandellas atendía el teléfono e incluso las hermanas Berry, Anna [futura esposa de Marvin Gaye] y Gwen, junto a su mujer Raynoma, fueron reclutadas”, se puede leer en la biografía oficial del magnate. “Música, dinero, sexo y poder”. Eso era Motown, sin embargo, para el escritor Gerald L. Posner, autor de un libro sobre la compañía.

Su receta fue regentar Motown como una fábrica de éxitos, según las demandas de la ‘joven América’, como si se tratara de una cadena de montaje. Los equipos productores escribían canciones en serie, las tocaban con la banda de la empresa y luego hacían que las cantaran los artistas. Una vez por semana Gordy controlaba todo el material, y todo lo que no era un éxito seguro se desechaba.

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La firma consiguió éxito y dinero en un tiempo récord, ya que en el mismo año de su nacimiento, el single “Shop Around”, de los Miracles, obtuvo cifras astronómicas. La pequeña choza de Detroit, llamada Hitsville USA o ‘Ciudad de los Éxitos’, se quedó pequeña. Gordy compró y locales y creó filiales y otros sellos y pronto se convirtió en el empresario negro más rico de Estados Unidos. Hace poco declaró: “La gente se pregunta por qué estoy tan feliz con el 50 aniversario. Es porque hemos protegido el legado de Motown durante 50 años”.