Plantarle cara al ‘horror vacui’

Llevo unos meses intentando hacer de tripas corazón y entregarme nuevamente al placer que hasta hace poco tiempo era enfrentarme a la hoja en blanco y dejar fluir mis pensamientos, reflexiones, ideas o, simplemente, desideratas.

Y aquí me hallo, tras dos años de sequía creativa y no pocos quebrantos, frente a la pantalla del ordenador, escribiendo contra todo pronóstico, con o sin sentido. Por primera vez en mucho tiempo lo hago por gusto, por necesidad de crear o para decir tímidamente: ‘hola de nuevo’.

No sé hacia dónde me llevará este nuevo viaje que emprendo, no exento de miedo, pero siempre se dice que quien no arriesga, no gana. El juego de la vida es así, y aunque el presente cuaderno de bitácora en el que mis palabras fluyen muy atropelladamente no fue concebido para plasmar pensamientos profundos sobre mi persona, mis quehaceres y mi vida privada, por una vez, gustaría de permitirme el lujo de alimentar mi vanidad durante el tiempo que me lleve acabar este texto que escribo, pues me embarga una necesidad imperiosa de contar lo que me pasa por la sesera, que no es ni aflicción, ni felicidad; ni zozobra, ni calma; sino todo lo contrario.

La razón que me invita a compartir estos sentimientos no alcanzo a entenderla, ni a darle una explicación válida. De poco sirve y nada me importa. Quizás sea la incertidumbre que me produce el hecho de enfrentarme a la hoja en blanco y que mis pensamientos se agolpen uno sobre otro en un caos sin fin, sin encontrar la manera de unirlos con la elocuencia pertinente. Estoy oxidada, lo asumo. Tanto tiempo sin escribir algo substancioso pasa factura. O tal vez la razón sea mi deseo irrefrenable de acallar el avispero de mi mente, ése que lleva demasiado tiempo robándome el sueño, cerrando puertas e inhibiendo la capacidad de mis sentidos, atando en corto mi alma desbocada.

Desconozco la razón que me empuja a deshacerme de mi caparazón y a enfrentarme de nuevo -con reparo, dicho sea de paso- a la realidad que hasta ahora pasaba ante mi persona, para ser partícipe de ella, aunque me cueste un mundo, para ser sincera. Pero es que hay veces en las que hemos de armarnos de valor y despojarnos de los prejuicios y la desazón que nos invade. Me explico: hace no demasiado tiempo estuve a punto de perder un tren. Gracias a Dios, tuve arrojos suficientes para entregarme a la oportunidad que me brindaba la vida y subirme a él. Ahora viajo sorprendida por lo desconocido del paisaje, aunque tranquila, pese a no saber a dónde me llevará. Muchas veces no importa el destino, sino el camino y disfrutar del viaje mientras dure, ¿no es así?

Estoy aquí hoy, luchando contra el horror vacui, para dar un primer paso: hacer las paces conmigo misma, perdonarme por los errores cometidos y seguir adelante. Porque la vida es un periplo de largo recorrido sin ruta determinada, con altos y bajos; con compañeros de viaje que van y vienen; es una hoja en blanco que hemos de escribir, con más o menos borrones, mas despacito y con buena letra. Sólo así tendremos consciencia de que hemos vivido.

Un pensamiento en “Plantarle cara al ‘horror vacui’

  1. ysyymc dice:

    chavala! me gustas! te insto a que escribas más… quiero leerte más!🙂

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